Si no sanamos al adulto, el niño solo aprende a imitar nuestro estrés.
Por eso propongo ver el método DISC no como una forma de etiquetar a los niños, sino como un mapa para que los adultos podamos regular nuestra propia respuesta y conectar mejor con las necesidades únicas de cada niño/a.
Estrategias prácticas para cada perfil:
- Para el niño «D» (Rojo – Dominante): Enfocado en la autonomía. La clave aquí son los acuerdos y ofrecer opciones para que sientan que tienen cierto control, evitando las luchas de poder que generan frustración.
- Para el niño «I» (Amarillo – Influyente): Necesita conexión y entusiasmo. Se sugiere utilizar rituales compartidos, como la meditación de la flor y la vela, para canalizar su energía y conectar con el presente a través de los sentidos.
- Para el niño «S» (Verde – Estable): Valora la calma y la seguridad. Se recomiendan actividades de «grounding» o contacto con la naturaleza (como caminar descalzos sobre el césped) para ayudarles a regular sus emociones en un ambiente seguro.
- Para el niño «C» (Azul – Cumplimiento): Necesita estructura y lógica. Se propone usar la herramienta de ponerle un número del 1 al 10 a la emoción para que puedan analizar lo que sienten de una forma objetiva y segura.
Sin embargo, el descanso y el autoconocimiento de los padres o maestros son el «motor» que permite una crianza saludable, recordad que valemos por lo que somos, no por lo que hacemos.
